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Colegio y niñas

Cómo aprendieron español nuestras tres hijas y cuánto tardaron de verdad

Plazos realistas de aprendizaje del español con 6, 8 y 10 años, qué ayudó, qué no y qué pasó con el alemán en casa.

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Ilustración: dos bocadillos de diálogo con ¡Hola! y Hallo! sobre un libro

«Los niños lo cogen solos.» Esa frase la oímos unas cuarenta veces antes de mudarnos. Es verdad. Lo que no dice es cómo se vive mientras ocurre, ni lo largo que es el trayecto.

El periodo de silencio

Las tres estuvieron una temporada sin decir prácticamente nada. Seis semanas la pequeña, tres meses la mediana, medio año la mayor. En ese tiempo por fuera no pasa nada y por dentro pasa todo: escuchan, ordenan, entienden cada vez más; simplemente no hablan.

Fue la parte más dura para nosotros, porque parecía un estancamiento. El punto de giro fue distinto en cada una. En la mediana, una invitación a un cumpleaños. En la mayor, una discusión en el patio que quería ganar.

Lo que sí ayudó

El club. Con diferencia, la mayor palanca. Deporte dos o tres veces por semana, con las mismas niñas, en un contexto donde el idioma es secundario. En nuestro caso fueron natación y fútbol. Tras cuatro meses de club, la mediana hablaba más que tras ocho meses de colegio.

Los niños del barrio. Una tarde en la calle vale más que una semana de clase. Por eso la pregunta de vivir en el pueblo o en una urbanización apartada era también una pregunta lingüística.

ATAL. El programa andaluz de apoyo lingüístico para alumnado recién llegado (lo contamos en el artículo sobre la elección de colegio). Gratuito, sensato, pero hay que pedirlo.

Series en español. No las educativas: las que ya conocen, cambiadas de idioma. Cuando ya te sabes la trama, escuchar sale solo.

Dejar que lean en voz alta sin corregir. Diez minutos por la noche, un libro infantil en español, nosotros escuchando y callados. Corregir provocaba con toda fiabilidad que nadie quisiera leer.

Pistas de pádel de un club deportivo junto al mar
El club ayudó con el idioma más que cualquier clase de refuerzo.

Lo que no ayudó

  • Las apps de idiomas. Están bien para adultos y sobran para niñas con inmersión real. A las dos semanas nadie las tocaba.
  • El refuerzo temprano. Con la mayor, en el primer trimestre: demasiado pronto. Estaba en el periodo de silencio y una hora más de español por la tarde añadía presión, no idioma. A partir del segundo año, enfocado al vocabulario de las asignaturas, sí fue lo correcto.
  • Comparar. Tres niñas, tres velocidades. Durante un tiempo comentábamos en voz alta lo rápido que iba la pequeña. A la mayor eso solo le dio la sensación de ser lenta.

¿Y el alemán?

Esta es la parte que subestimamos. Al año, las niñas empezaron a hablar español entre ellas. A año y medio, la mediana empezó a buscar palabras en alemán. Y la ortografía —la alemana— es hoy su punto más flojo.

Lo que hemos hecho con eso:

  • En casa, alemán siempre. Aunque respondan en español, nosotros seguimos en alemán. Sin obligar y sin castigar; solo constancia.
  • Libros en alemán. No hace falta que sean exigentes. Los cómics cuentan. Lo importante es que haya lectura en alemán al alcance de la mano.
  • Clases de sábado o curso a distancia. En la costa hay oferta en alemán. La usamos para la mayor, porque su lengua escrita era la más desarrollada y la que más tiene que perder.
  • Contacto con casa. Videollamadas con abuelos y amigas: no como deber, sino porque es la única razón por la que unas niñas hablan alemán voluntariamente.

¿Y los adultos?

Bastante más lentos. Esa es la verdad incómoda. Las niñas tienen ocho horas de inmersión al día y ninguna vergüenza; nosotros trabajamos en alemán y tenemos un sentido del ridículo muy afinado. Lo que nos funcionó: un curso con horario fijo (no «aprender en algún momento»), hacer nosotros la compra y las reuniones del colegio en lugar de delegar, y aceptar hablar muy mal español los primeros meses. Quien espera a hablar bien no empieza nunca.

La cronología honesta

Según nuestra experiencia, para una niña de primaria sin conocimientos previos:

  • Meses 1–3: periodo de silencio, mucho cansancio, a la cama temprano.
  • Meses 3–8: llega la lengua cotidiana, aparecen las primeras amistades, el recreo funciona.
  • Meses 8–18: las clases se entienden, las notas se recuperan, la niña empieza a hacer bromas: el verdadero salto.
  • A partir del mes 18–24: el idioma deja de ser tema. Ahora empieza el trabajo con la lengua materna.

Ese es el recorrido. Es más largo de lo que uno piensa antes y más corto de lo que parece en el mes cuatro.

Preguntas frecuentes

¿Deberíamos hablar español en casa para ayudar?

No lo recomendamos. Español ya reciben de sobra fuera. Casa es la única oportunidad de mantener la lengua materna, y se pierde más rápido de lo que parece.

¿Mi hija necesita refuerzo?

Con una hija mayor, sí, si se descuelga en clase. Con niñas pequeñas, pocas veces. Más importante que el refuerzo es el contacto con niños hispanohablantes fuera del colegio.

¿Y si no quiere hablar?

Es el periodo de silencio y es normal. Se acaba. Lo importante es no meter presión y dejarle un sitio, la casa, donde todo sea fácil.

Todo lo que hay aquí es nuestra experiencia, no asesoramiento legal. Las administraciones cambian normas, precios y formularios continuamente: comprueba siempre la web oficial antes de cada cita.